River 0-1 Newell´s
Gol: 51' Achucarro
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Clausura 2010:Gol de Newells a River
Confundido, desorientado, sin respuestas se ofrece River. La caída no se detiene, la crisis se profundiza, los tiempos para encontrar soluciones se acortan, la impaciencia del público se agiganta, el promedio ya es un fantasma que acorraló a los millonarios... Ni la presencia del último ídolo alcanzó para revertir la imagen, para sacarlo de la intensa depresión que rodea esta triste actualidad. Ariel Ortega logró ilusionar por un momento, pero la presencia del jujeño no fue suficiente para tapar todas las falencias futbolísticas que se evidencian ni ocultar el escaso espíritu de este empobrecido plantel. Anoche, en el Monumental, Newell’s, con muy poco, le ganó por 1 a 0, le aplicó una estocada que dejó en una situación delicada al entrenador Astrada, y llevó a los millonarios a igualar la racha de cuatro tropiezos consecutivos del Apertura 2007. Aquella vez, los verdugos fueron Huracán, Colón, Olimpo y Banfield; ahora, el papel de villanos lo tomaron Boca, Argentinos, Lanús y los rosarinos.
River reafirmó la teoría de que el fútbol es un estado de ánimo. En 90 minutos pasó de la esperanza al desencanto. Otra vez, como sucedió durante el ciclo Simeone –en el Apertura 2008 por primera vez en la historia los millonarios terminaron en el último lugar de las posiciones–, el equipo sucumbe ante el primer escollo. Una muestra del poco carácter de un plantel que desde hace tiempo se acostumbró a los golpes, a las derrotas, a convivir con el dolor y a las continuas frustraciones.
En la frenética búsqueda por terminar con la serie de derrotas y encontrar una mínima y sustentable estructura futbolística, Astrada echó mano a Ortega. El ídolo acumulaba 10 partidos sin jugar, pero la inconsistencia de sus reemplazantes y los diversos dibujos tácticos que ensayó el Jefe para encauzar el rumbo no surtieron efecto. Entonces, el DT le levantó la sanción –en los 61 días de ausencia el Burrito tuvo varias faltas, algunas por su adicción al alcohol– y mientras el maltrecho físico se lo permitió fue el conductor, el estratego que se añoraba. Con simpleza manejó el equipo, descomprimió la presión que invade a los juveniles Villalva y Mauro Díaz –estrelló un remate en el travesaño–, y contagió a los de adentro de la cancha y a quienes estuvieron en las tribunas. Fue un imán para sus compañeros, que lo buscaron con insistencia, como si fuera la única guía para salir del pozo. Mostró destellos de su inagotable talento, y hasta desperdició una inmejorable oportunidad para abrir el marcador. Sin dudas, fue el termómetro.
Sin embargo, no pudo rescatar a su amado River, que en una acción desafortunada quedó abajo en el resultado, tras el gol de Achucarro. El tanto de los rosarinos significó un golpe demasiado contundente para este frágil grupo. El cansancio se apoderó de Ortega, que dejó ser el escudo protector del resto. Y ante ese panorama, River volvió a ser el conjunto híbrido, sin ideas, lleno de nerviosismo, apurado por resolver cada situación. Empujado por la desesperación del público, equivocó los caminos, le hizo la tarea más fácil a un rival que mantuvo la intensidad en la lucha –se destacaron Mateo y Bernardi–, se recostó en la experiencia de Schiavi para desbaratar los tibios intentos de los millonarios, y depositó en la habilidad de Formica todas las fichas para ser agresivo en ataque.
La complejidad de la situación y la falta de respuestas no invitan a imaginar que en el corto plazo pueda revertir este flojísimo presente. Astrada recurrió a todas las fórmulas para encarrilar la campaña, pero los ensayos arrojaron resultados negativos. La crisis acorraló a River, que transita por días de crispación y desesperanza.
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